El ritmo de vida y las exigencias cotidianas han producido un incremento acelerado de ciertos desórdenes del comportamiento y personalidad. Por ejemplo, la ansiedad, depresión y estrés. Hoy queremos enfocarnos en las consecuencias que produce el estrés en el desarrollo de nuestras actividades cotidianas especialmente si este desorden es consecuencia de un accidente o lesión personal. 

Las lesiones personales pueden repercutir en daños a la salud física o mental.

En cualquiera de las dos opciones la realidad es que debido a una lesión es posible que la víctima experimente un incremento de estrés drástico. Si esto sucede, lo ideal es que la persona busque ayuda profesional de un abogado para recibir compensación por este daño y ayuda médica. 

Recuperarse de una lesión física no es fácil. La gente generalmente piensa en las numerosas visitas de rehabilitación física o quirófano, el médico de cabecera y los ejercicios en casa, pero no muchos consideran el impacto que tiene una lesión en la salud mental de un paciente. Cuando la salud mental es mala, la recuperación a menudo toma más tiempo o no ocurre. 

Las investigaciones han identificado la importancia de tratar el impacto psicológico de una lesión así como la lesión física para obtener el mejor resultado.

En estos casos es necesario iniciar el análisis identificando el nivel de estrés en la persona. Este estrés generalmente inicia en el momento de la lesión e incrementa debido a los eventos consecuentes de una lesión. Por ejemplo, si la víctima necesita ir a un hospital pueden contribuir a la depresión o pueden sufrir de trastorno de estrés postraumático PTSD. Pero el impacto de la lesión en la vida cotidiana de un paciente puede causar la mayor parte de sus problemas psicológicos. La movilidad reducida puede dificultar salir de casa y socializar con amigos y familiares. Cuando la lesión obliga a una persona a dejar de trabajar, es posible que pierda la conexión social de ver a sus colegas a diario y su propósito en la vida.